Día de lanzamiento

Pocos días son tan emocionantes en la vida de una empresa de reciente creación como el día en el que dejas que el mundo conozca lo que has estado cocinando. Esto evidentemente no es una peculiaridad del emprendimiento, sino un punto en común entre los oficios creativos. Publicar un libro, develar una galería o lanzar un cohete al espacio deben ser momentos muy similares (guardando las debidas proporciones).

Sin embargo, lanzar un producto (al menos uno en Internet) es una experiencia bastante peculiar, y quiero tomar un poco de tiempo para describir la situación más crítica en este punto.

El producto es horrible

Así es, tal vez no era lo que esperaban que les dijera sobre un momento tan especial, pero es la verdad. En tu cabeza, existe un producto hermoso, una concepción del futuro, una aplicación como ninguna otra jamás creada. En tus adentros sabes que si tan sólo te dieran un par de meses más con tres personas totalmente capacitadas y dedicadas al proyecto, podrías volver realidad tu visión.

Sin embargo, dos meses más significan también despertar al peor enemigo del emprendedor: más imaginación y consecuentemente más ideas para hacer el producto ideal. Lo que parece en un principio el último jalón, se convierte en un camino interminable por alcanzar la perfección.

Por tal motivo, el día del lanzamiento es normal que sientas gran ansiedad y te ves tentado a taparte los ojos frente a cada pantalla o a darte la media vuelta ante la clara deficiencia del producto.

¿Qué hacer?

Respirar profundo y recordar que tu misión no es crear productos perfectos sino soluciones a problemas. La única forma de que tu producto tenga algún valor más allá del estético o del tecnológico es que haya personas cuyas vidas sean mejores gracias a que tu creación existe.

En la realidad, a dichas personas no les preocupa si tu producto es bonito o feo, escalable o no, aunque tampoco ignoran el hecho de que un producto bien diseñado puede ser más efectivo.

Lo que a tus (potenciales) usuarios les preocupa es que su problema sea resuelto y por tanto lo más inteligente que puedes hacer es ponerlo en sus manos – tal y como está – para que sea utilizado y evaluado, no en función de su belleza sino conforme a su potencial de ser una solución a su problema.

Tardarás algunas semanas o meses en lograr que el producto tenga la cantidad de usuarios satisfechos necesaria para asumir que tiene un verdadero potencial, sin embargo este proceso de descubrimiento de ninguna forma es un asunto teórico sino una experiencia de campo. Es decir, que no lograrás tener usuarios a menos de que el producto esté liberado y a su alcance.

Así que, si tienes entre tus manos un producto sin pulir pero que a grosso modo responde a una teórica necesidad de tu mercado, respira profundamente y libéralo. No tienes una idea del gran favor que te estás haciendo a ti mismo y a tu proyecto.

A propósito, hoy liberamos el beta de Regala.

César Salazar

Partner @ 500 Startups

I design communities, businesses and products

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